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sábado, 24 de septiembre de 2016

“La casa de la fuerza”


A diferencia de los espejos, el teatro nos ayuda, no empuja, incluso, nos obliga a vernos de verdad. Con demasía cumplió ese objetivo la obra de Diego Aramburo que se presentó ayer en Teatro 3 de Febrero, en el marco del Festival Internacional de la Cultura.
Muy jodida la obra porque desde un principio nos introduce en espacios de permanente confrontación con nosotros mismos, al punto de llegar a odiarnos.  Odiar al amor como fetiche, a la mujer como cosa y estereotipo de sufrimiento.
No acostumbro admirar a las personas y menos a los artistas, pero anoche sentí una profunda admiración que incursionó en la envidia por esas imillas y esos changos que gritaban tan fuerte y  tan seguido que se atragantaban las palabras, mas no importó porque el grito rompió el libreto, ellas y ellos parecían salir del escenario y estar en la plaza 25 de Mayo para gritar frente al frontis de la gualala, “Pendejos hijos de puta…”.
La sobriedad en una sociedad mentirosa, ya no cabe, “La casa de la fuerza”, nos recordó que cada día, en Sucre, mueren miles de mujeres más por dentro que por fuera. Que el amor, el sexo y las caras bonitas son una abstracción construida por quienes patean, joden, mienten, juran, entregan flores y luego matan.
La actuación de estos jóvenes ha sido brillante y sorprendente, lo más lindo no tienen nombre ni estrella, pero una capacidad que ojalá siga reproduciéndose y siga enfrentándonos y siga sacando nuestro infierno, que siga desafiando a la mentira, al amor, a los dioses violadores ...tristes asesinos.
La Casa de la fuerza, nos transita por esta nueva ciudad con dispares identidades, con rostros desfigurados, con amores extraviados.
Felicidades a  Diego Aramburo, el resultado que ayer presentó no es casual, son días y noches trabajando en el tema y la puesta en escena.  Diego, sé que pediste ¡Nada de fotografías! No te hice caso, hoy te las devuelvo.


Un abrazo a todo el elenco.

Javier Calvo
Septiembre de 2016










miércoles, 14 de septiembre de 2016

DEFECTOS


Cuidar los defectos, puede ser arriesgado. De pronto se arrepienten y deciden pintarnos de amarillo, azul y rojo.
Qué sería de este espejo retorcido que no conoce más que a la ventana. Mira cómo se arrincona la ciudad  ante este paso desequilibrado, mira cómo se cierran las puertas y cómo termina la luz.
Siempre tuve miedo a las persianas, pensaba que en cualquier momento interrumpiría el señor de las grandes jeringas, entonces, yo tendría que correr detrás de la tarde.
Ahora, estos defectos triturados saltan uno tras otro para alcanzar a la ciudad que está tan lejos y que lleva consigo caretas, capas y cruces.

Estos caprichosos defectos decidieron cambiar de nombre y esperar en la esquina, tal vez así la ciudad los lleve en su próximo viaje.




domingo, 28 de agosto de 2016

DETRÁS DE ESA VENTANA


Lo bueno de estar solo en un boliche es que luego del primer trago, ya no deseas estar contigo y uno siente al inquietante movimiento de las sillas, de los vasos y de la música que está únicamente para cubrir las conversaciones privadas. 
Por algo que –seguro- tiene el alcohol, los oídos se abren y los ojos reconocen más fácilmente.

Del otro lado, ella hablaba, hablaba, hablaba y él, no hacía otra cosa que mirarla, mirarla, mirarla.
Que aburrido, pensé, pero a pesar de esa escena monótona, algo me forzaba a observar a ese par de señores que probablemente estaban cerca de cumplir 50 años.
Ella no tenía tiempo ni para hacer caer las cenizas del cigarrillo y él empañaba la copa de vino con su sudorosa mano
De pronto, cuando ella impulsaba al respiro, él la  interrumpió diciendo
-Por favor discúlpeme, comprenderé si después de lo que le diga, usted ya no me quiera hablar, es más, le apoyaré si me empuja del pretil de la acera, fingiré que fue un accidente. Cuando la vea venir por la calle, inmediatamente sacaré el celular y ocultaré mi rostro en la pared, así usted no tendrá por qué entrar a la tienda y escapar de ese fortuito encuentro.
Mientras él se esforzaba en explicar ese asunto, ella aprovechó para fumar y hacer dos secos mojados con dos copas rellenas de vino. Por un instante, que para ambos fue terriblemente prolongado, nadie dijo nada. Luego, él prosiguió:
-Estoy peligrosamente enamorado de usted, sé que a nuestra edad, amar es una locura, pero aun sabiendo que el mundo nos lanzará al vacío  y que nuestras familias nos escupirán, sepa usted que no pondré ningún esfuerzo para dejar de amarla. Ahora ya no importa si paga la cuenta y me deja con las flores, sepa que soy feliz en su mirada.
Se calló y  volvió a fumar.  Por primera vez le vi tomar un sorbo de vino, que más parecía un desahogo.
Ella vació a la copa lo que sobraba en la botella, apagó el cigarrillo, se paró, arregló su cabello, cogió el bolso y bebió con la mirada dirigida al fondo de la copa. Al ver que él no tenía la intención de retirarse, agachó  la cabeza y decidió dejar a sus labios en los labios de él.
Los erosionados latidos dejaron de tener sed.
Ante esas expresiones de cariño, llamadas también amor, siempre me ruborice, entonces torcí la cabeza… volví a sentir el movimiento de las sillas y al grito desenfrenado de una adolescente que quería ser Axl Rose, cuando jugaba a equilibrista en la barra del boliche.
Dejé la cerveza, apagué el cigarrillo en el piso y salí presuroso como si alguien me estaría esperando. Del otro lado de la ventana estaban ellos, aún colgados de un beso.

Después de esto, tal vez gane el estandarte de la cursilería, pero a esos señores -que no tenían rostro conocido en un lugar de eructos,  cumbia,  rock-metal y hip hop, con cerveza por el piso y manteles con huellas de cigarrillo-  no les interesó donde estaban y sin pretender ser amantes, novios o simplemente amigos, abandonaron el final de telenovela mexicana y provocaron al "soy feliz contigo", con el "somos felices ahora".
Javier calvo

Agosto de 2016

martes, 23 de agosto de 2016

ESTO NO ES REAL


Cierro los ojos  
Dejo que pasen las imágenes
Ahora están sin envase, sin nombre
Los sonidos se mezclan
con el viento y se estiran las trompetas
junto a los gritos y  las bocinas que se hacen interminables
Sentir frío, calor, a las gotas de lluvia, al sol que se vuelve rojo en la memoria
Imagino a las canciones que traen olores
valentías y desahogos
y perderme junto a húmedos labios que me arrastran por el mar.
Mi padre decía que pise tierra y vuelva a la realidad
Así lo hice, entonces me perdí en conversaciones y amores de mármol
pero busqué los momentos para escapar y volver a cerrar los ojos.
Hoy, logro comprender que lo que mis ojos ven no es real
El trabajo, la política, los medios, las intrigas, los miedos, la rutina
los anillos y las oraciones… no existen… no son reales para mí.
La realidad está aquí
En mis ojos que cerrados ven al mundo

Que transita, respira y gotea.
Javier Calvo 
agosto.2016

domingo, 31 de julio de 2016

GASSHO

Estar presente con todo el corazón
es escapar de la ilusión.
es sentir, escuchar,
es mirar y vivir ahora.







lunes, 20 de junio de 2016

LA RUEDA Y LA FOTOGRAFÍA


La fotografía tiene sus técnicas, su lenguaje, en ella  se reflejan símbolos y códigos, un mundo donde la luz y el tiempo construyen discursos. La foto, como también prefería llamar Roland Barthes, es el encuentro con el único testimonio de lo que ha sido, por lo que no solo desafía a la estética, sino a la rueda que gira, encuentra y nos aleja. 





viernes, 3 de junio de 2016

LAS HOJAS


Llegó...
El motor del viejo Mazda se apagó junto a las luces que iluminaban la  cuadra angosta.
El taxista encendió un cigarrillo y sin voltear la cabeza habló despacito, las palabras se contuvieron junto al humo que se agazapaba entre las paredes de sus morados labios.
-Cuando quieras puedes salir, sentenció el taxista.
Escuchó el chirriar de la puerta oxidada, el frío le apretaba las manos y la nariz se caía poco a poco. Dejó las maletas en el jardín y caminó tan rápido sin llegar a correr. Era la única habitación iluminada y cuando entró Andrés todos callaron y su llanto se escapó...
Tartamudeaba y no logró reconocer el guión de los velorios. Un montón de imágenes circulaban y definían lo que sentía y lo que debía sentir
¿Por dónde empezar?
¿Cómo decirlo?
¿Fuerte? ¿Despacio? ¿Desesperado? ¿Rabioso?
¿Cómo se expresa el dolor? ¿Cómo se pinta a la tristeza? y ¿Cómo mostrar el sufrimiento?
Lloró, lloró e hizo llorar a  la concurrencia.
Abrazó a su madre, a los hermanos, a los tíos, a los sobrinos y a los vecinos... de pronto desapareció.
¿Dónde está Andrés?
Nadie supo en qué momento salió, alguien dijo que amaneció en uno de los cuartos oscuros,
En el entierro la querida esposa se dejó caer a los pies del ataúd mientras las hijas se desmayaban una tras otra. El sepulturero las observaba apoyado en la escalera junto al nicho que aún conservaba el olor del anterior difunto. Andrés  las miraba detrás de un árbol, aplastaba con las manos un puñado de hojas nuevas que sin darse cuenta las arrancó.

Después de muchas cartas y telegramas volvió  a su antigua casa. Esta vez las habitaciones fueron iluminadas, las ventanas reparadas y las puertas cambiaron de color. El jardín guardaba nuevas flores y hasta un  perro cuidaba el portón, quien al sentir que Andrés se acercaba se levantó inmediatamente sin perder la mirada que estaba extraviada en el piso.
Se dio cuenta que su madre se reía detrás de las cortinas y sin más saludos le arrojó una chamarra a tiempo de pedirle a gritos que se ponga porque era la única forma que el perro le deje entrar.
Así lo hizo. La cabeza y la cola comenzaron a balancear junto al ritmo del incansable jadeo.
El salón estaba vacío, sus hermanas dejaron pan fresco sobre la mesa redonda cubierta por un mantel de colores.
Sintió que la camisa se pegaba a la espalda y que por la frente caían varias gotas que a medida que avanzaba por los corredores más le cubrían los ojos. Se detuvo al ingresar a un patio con plantitas alrededor, se sacó la chamarra y revisó los bolsillos uno a uno, en eso, sus manos sintieron que varias hojas secas estaban el bolsillo de la solapa.
- Están aquí... dijo
Otro es su color, su fragilidad depende del viento y el sol. Las volvió a guardar en el mismo bolsillo, se puso la chamarra y muy despacio abandonó la casa. El perro en el portón se sentó sin perder la mirada puesta en el piso.


Javier Calvo

Junio de 2016