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martes, 5 de diciembre de 2017

EXCESOS


Le advirtió que sorprender a la muerte no es buena idea.  Desde entonces aprendió a reír a su lado y cantar en el pretil de la acera.
Corrían de puntillas por los rieles mientras la ronca voz del maquinista les carajeaba  y  los perros callejeros corrían a la par confundiendo su ladrido con la chirriante frenada de las ruedas de acero.
Su debilidad fue el cigarrillo. Postergaron muchos compromisos y abandonaron el deporte y las reuniones sociales por unas fumadas. No importaba la marca, el tamaño o si tenía grietas.  Una noche, bajaron rumbo a la casa de ella fumando el Derby de cajetilla naranja, sus pasos parecían correr y sin proponérselo  no dieron sosiego  a los pulmones y los puchos se prendían y botaban, se prendían y botaban.
Pasaron por su casa y volvieron a subir.
“…te vi palidecer, me viste palidecer, transpiramos caliente y frío hasta que en la puerta de la universidad comenzaste a vomitar,  y yo, vomité  en la puerta del hospital”.
Reía y limpiaba los labios de él con un pañuelo que guardaba marcas de lápiz labial, luego se frotó los dientes con el mismo pañuelo sin dejar de reír. Se sentaron en una pequeña plazuela a media luz debajo de un árbol de pino.
- Qué casualidad, dijo,  
- De niño trepaba este árbol y junto a mis primos fumábamos los cigarrillos robados a mis tíos.
En diciembre sentían que todo era posible, nadie conseguía quitarles la alegría. Quizá la lluvia y lo que quedaba de ella les motivaba a viajar… a pie y por las vías del tren, cuanto más se alejaban de la ciudad, más crecía la emoción. En esos días aprendieron a nadar en una poza del río Yura que les impulsaba, sumergía y les obligaba a flotar. “Me veías riendo en la playa con tu  polera mojada y transparente. Así aprendimos a nadar”.
En eso, la navidad les provocaba dar vueltas agazapados y con la mirada extraviada creían estar lejos de la mentira de tenerlo todo, pero muy pronto comprendieron que el empute era una ficción, no se podía contra la navidad porque estaba en todas partes, así que preferían emborracharse. En una oportunidad, compraron un litro de singani a granel, lo llenaron en una bolsa transparente mezclado con refresco en polvo y desesperados agujerearon la punta de la bolsa y empezaron a beber sentados a los pies de una puerta abandonada, “muy lejos del centro, cerca del cerro, saliendo de la ciudad”.
Un día, ella le preguntó cómo quisiera morir.
-Pansa al sol, dijo,
-Sumergiéndome en una piscina de cocaína.
Ella le vio feo y él empezó a reír. Más tarde le tranquilizó al explicarle que jamás podría hacer realidad ese sueño porque nunca tendría tanto dinero como para llenar una piscina de cocaína.
- Sí, quisiera morir riendo aunque simuladamente, pero riendo.
Cantaban por las calles sin importar el tono ni la memoria. “Ese momento era infinito…”. Les gustaba Gian Franco Pagliaro, aunque más tarde lo calificaron de cursi. “Nunca estábamos solos, eran nuestras las palabras y cualquier lugar era nuestro hogar, porque todo lo compartíamos incluso el odio a los tiranos y los soberbios”.
Cuando él propuso tener una hija ella se espantó, pero no tardó mucho en volver a reír, desde entonces no salieron de la cama y en el baño contaban los segundos a la espera de una leve señal de la prueba rápida. A pesar de no tener una casa ni trabajo, el riesgo de tener una hija les excitaba y apostaban todo a la casualidad. Era como cerrar los ojos y lanzarse a un precipicio con la única certeza que les  espera un lago profundo o las filosas rocas.
Ella, repetía los tipos del tejido muscular y la estructura de las células caliciformes, contaba con los dedos los glóbulos rojos, determinaba mentalmente el valor del hematocrito y se veía fluir por la corriente sanguínea. Él, en el otro extremo de la mesa, intentaba comprender a Foucault.  Las bocas llenas de p’iqchu, con litros y litros de agua, cigarrillo Casino y Legía. “Que lindos días…  buscábamos pretextos para seguir estudiando y no ir a dormir”.
Nadie se sorprendería si él un día decidiera suicidarse, es más, sus padres, sus hermanos, la madre de su hijo y su hijo en silencio aguardaban esa noticia. Menos ella. Estaba segura que no lo haría por cobardía o apego a la vida, lo conoce tan bien que sabe que él no tiene tiempo para matarse, porque puso en sus hombros un montón de compromisos y responsabilidades, incluso las hormigas confiaban en él.
Pasaron 20 años para encontrarse en Sopocachi y sentarse con las piernas cruzadas en un banco de piedra sin espaldar. Fumaron hasta la mitad de cada cigarrillo y comenzaron a contar los omeprazoles, ketorolacos e irrigores que consumían durante el día y comentaron sobre el inoportuno sueño que les impedía terminar ver una película.
y volvieron a reír
a lanzar carcajadas interminables mezcladas con atragantadas salivas.
Javier Calvo Vásquez

Sucre, 4 de diciembre de 2017

miércoles, 15 de noviembre de 2017

HABITAR

Encontrar a la soledad,
en  los pedazos abandonados
en cielos y soles eclipsados
habitar en esos espacios  
es dejar a la alegría 
libre de la ficción,
y del ruido  

miércoles, 25 de octubre de 2017

MEMORIAS

Mi memoria no es un espectáculo
que deba verse desde el cielo
la imaginación se reconstruye en estas fotos
 no juega con los amaneceres, con los árboles
con los ríos, con las montañas ni con los lagos
Mi memoria compite con los temores
con las últimas páginas
con las imágenes que emulan  ausencias

martes, 10 de octubre de 2017

SOLO UNA EXCUSA PARA VIAJAR


Las fotos, los dibujos y las pinturas únicamente son puertas hacia un largo viaje, su narración rebasa el cuadro, aun al propio autor. Su luz corrompe a la imaginación y confunde los amaneceres con los crepúsculos,  las amplias planicies con los lagos y los bosques con las ciudades. 
Mientras estemos adentro, existirán las historias, porque si solo contemplamos la imagen y preferimos quedarnos pasmados ante ella, que igual que nosotros da vueltas y vueltas, entonces no sirvieron para nada los aplausos ni las chequeras.

Son estas imágenes que superan a la belleza y vencen a la ilusión.





martes, 26 de septiembre de 2017

VENTANAS Y OTRAS AUSENCIAS


No le teme a la ausencia
se embriaga con  el silencio
huye del agua estancada,
 del sol de medio día
de las palabras
tejidas con rosas y hierros
de las bendiciones
de los espejos
de las alfombras.
Aquí no nació el olvido
 los fantasmas
fueron abortados
cuando prometieron
volver junto al plenilunio